El diputado Elías, mediante el expediente D1698/04-05, solicitó informes al Poder Ejecutivo de la Provincia de Buenos Aires sobre la posible firma del acuerdo "partners in learning" con la empresa Microsoft. En caso de ser afirmativa la respuesta, solicitó también toda la documentación correspondiente a dicho acuerdo, incluyendo antecedentes, texto del mismo, texto de adhesión y alcances operativos que tendría en la provincia de Buenos Aires.
Además, pidió información sobre la posible mención de marcas comerciales referidas a software en las currículas oficiales de enseñanza en cualquiera de los niveles (inicial, EGB, Polimodal, superior o técnico).
En los fundamentos de la presentación, el legislador hace especial mención de las cláusulas de confidencialidad de los convenios suscriptos en el programa "partners in learning".
Dice el diputado en su presentación:
"En primer lugar, los sistemas operativos Windows 98 y Windows 2000 son programas de cierta antigüedad, y lo que se ofrece respecto de otro sistema operativo más moderno es una actualización, es decir que debe contarse con la licencia de un programa previo para poder ser actualizado.
En segundo lugar, y mucho más importante, que resultan inadmisibles las condiciones de confidencialidad establecidas en el convenio, y contrarias al sistema republicano que establece nuestro ordenamiento legal.
En tercer lugar, que se trata de un tipo de programas que por sus características de distribución y licenciamiento no los hacen precisamente los más aptos para ser utilizados en la educación. Se trata de programas cuya instalación en una computadora implica aceptar un contrato de uso que impone, entre otras, las siguientes restricciones:
a. El programa sólo se permite instalar y utilizarlo en una única computadora.
b. En consecuencia, el alumno no se puede llevar copias del programa a su casa, ni compartirlo con otros alumnos.
c. El contrato prohibe expresamente al usuario averiguar cómo funciona el sistema.
Vale decir que en las escuelas que sean beneficiarias de este convenio, no se enseñará informática sino que sólo se enseñará a operar un producto comercial particular. Significa que si algún alumno muestra curiosidad por conocer los mecanismos de funcionamiento de sus programas, la escuela no sólo no podrá brindarle ningún tipo de información (porque el código de estos programas es secreto), sino que además deberá impedirle toda investigación que ese alumno intente para aprender los fundamentos de los programas que utiliza.
En la actualidad existe un cuerpo suficiente de programas libres, que no imponen ninguna de esas restricciones a los usuarios, no exigen el pago de ninguna licencia, y cubren todas las necesidades de uso de la informática en la escuela. Que no empujan a los docentes a un rol policíaco, y pueden estimular a los alumnos a que compartan los programas, que los copien en su casa, que los investiguen, o que los modifiquen si tuvieran la vocación necesaria.
No todos los alumnos desean ser programadores, pero todos están inmersos en esta nueva técnica cultural que son los programas de computación. Hay quienes piensan que no tiene sentido apropiarse de esta tecnica novedosa y compleja, que es suficiente con usar (y pagar) los programas que otros hacen. Y quienes pensamos, por el contrario, que una sociedad que desconoce cómo se utilizan las herramientas fundamentales de su época, será colonizada tecnológicamente y condenada al atraso.
En nuestra currícula oficial, se ha caído en esta trampa. Hay materias en las que no se enseña a utilizar un procesador de texto: se enseña Microsoft Word; no se enseña a utilizar planillas de cálculo, se enseña Microsoft Excel; no se aprende a utilizar la Internet, sino a manejar el Internet Explorer. La utilización de marcas comerciales en los programas oficiales es de por sí un despropósito y una discriminación hacia el resto de las marcas comerciales que ofrecen los mismos productos y una severa limitacón de la libertad. Es como si la escuela, en lugar de enseñar a escribir, enseñara sólo a escribir con lapiceras Parker (o Silvapen, o BIC, o cualquier otra marca). En este caso, además, sería una lapicera que no se puede prestar, ni mucho menos investigar cómo funciona para intentar reproducirla.
Es necesario que desde los ámbitos legislativos comencemos a prestar atención a los nuevos desafíos de esta época. De otra manera corremos el riesgo de crear nuevas dependencias y nuevos desequilibrios entre los que controlan el conocimiento y la información, y quienes son relegados al papel de consumidores pasivos y acríticos.
Es importante considerar en este sentido experiencias internacionales de gran éxito, en particular la desarrollada por la región de Extremadura en España donde a partir de tomar una firme decisión respecto de la utilización de programas libres en todos los ámbitos de la administración pública, no sólo ha producido ahorros considerables, sino que tiene hoy la tasa más alta de Europa de utilización de computadoras por cantidad de alumnos."
Más información sobre esta presentación en el sitio del Diputado Marcelo Elías:
http://www.marceloelias.com/proyectos82.html
