Lucha contra el monopolio

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Software libre en México: lucha contra el monopolio

Cortés, Patricio

Hoy las computadoras se han vuelto una herramienta indispensable; sin embargo, sus costos son cada vez más altos, básicamente las licencias para el uso de los programas o software se han vuelto inaccesibles No obstante, existe una opción que han adoptado ya diversos países denominada software libre y que nuestro gobierno prefiere ignorar.

Muchos especialistas, como Antulio Sánchez y Antonio Ramírez Fernández, coinciden en que la adopción del software libre desde las universidades y centros de gobierno podría dar un impulso tecnológico a nuestro país y generar fuentes de empleo.

El software libre es un movimiento donde, montados en una plataforma Linux -el más importante sistema operativo de GNU [1], se desarrollan aplicaciones cuyas licencias no tienen costo para el usuario.

Esto adquiere particular importancia porque si sumamos el costo de los programas como Office, un programa de diseño, otro de fotografía, uno para reproducir música, otro para copiarla, los antivirus, los firewall, en sus versiones más recientes, la cifra rebasa los 30 mil pesos. Dicha situación ha orillado a la mayoría de los consumidores a adquirir software ilegal al grado que se estima que en nuestro país siete de cada 10 programas son copias ilegales.

En un movimiento fundado en 1991 por Richard Stallman, miles de programadores hacen mejoras constantes a GNU/Linux, al grado de que según el especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México, Antonio Ramírez Fernández, hoy es muy fácil de usar, además de ser más estable y sin las molestas pantallas azules; y afirma, que en esta plataforma podemos utilizar procesadores de texto, hojas de calculo, programas de diseño, etcétera. Incluso, advierte Antonio Ramírez Fernández, que las patentes se han transformado en un obstáculo para el desarrollo tecnológico.

Por su parte, el fundador del movimiento explica sus motivos: “Considero que la regla de oro me obliga a que si me gusta un programa lo deba compartir con otra gente a quien le guste. Los vendedores de software quieren dividir a los usuarios y conquistarlos, haciendo que cada usuario acuerde no compartir su software con otros. Yo me rehúso a romper mi solidaridad con otros usuarios de esta manera. No puedo, en buena conciencia, firmar un acuerdo de no revelación (nondisclosure agreement) o un acuerdo de licencia de software. Durante años trabajé dentro del Laboratorio de Inteligencia Artificial (LIA) para impugnar estas tendencias y otras descortesías, pero al final ellos fueron demasiado lejos: no podía permanecer en una institución donde estas cosas se hicieran por mí y en contra de mi voluntad. De manera que, para continuar usando computadoras sin deshonra, he decidido agrupar un cuerpo suficiente de software libre de tal manera que pueda proseguir sin software que no es libre. He renunciado al LIA para denegar al Massachusetts Institute of Technology (MIT) de cualquier excusa legal que me prohíba distribuir software GNU”.

El mismo documento advierte: “GNU no es de dominio público. Todos tendrán permiso para modificar y redistribuir GNU, pero a ningún distribuidor se le permitirá restringir su redistribución posterior, es decir, modificaciones propietarias (software de patente) no estarán permitidas. Quiero asegurarme que todas las versiones de GNU permanezcan libres”. En pocas palabras, si se ocupa código de software libre el resultado debe ser software libre y el encargado de vigilar que esto ocurra es la Free Software Foundation. No obstante, Antonio Ramírez Fernández reconoce que dicho organismo no cuenta con la estructura legal para vigilar el cumplimiento de esta norma por lo cual frecuentemente es violada.

Incluso hay un importante grupo de usuarios de Linux en México que en su manifiesto advierten: “Como gobierno, yo tengo la obligación de escoger la opción que sea mejor para el país. Hace unos años, el software libre no era viable, pero ahora es una realidad. Como gobierno tengo la libertad de escoger entre dos opciones. Yo soy gobierno y voy a tomar las decisiones que no dañen a la sociedad civil ni a las instituciones. El software libre da libertad al gobierno para tomar decisiones conscientes y soberanas. Con el software propietario, sabemos que existen graves riesgos en la seguridad nacional, en el bienestar social y en la educación. Con el software libre, además de evitarse los riesgos anteriores, tenemos la oportunidad de trascender tecnológicamente y, sobre todo, de tomar libre y soberanamente las decisiones”.

Para muestra basta un botón y según denunció uno de los principales desarrolladores de Linux en México, Miguel de Icaza, en el proyecto e-México de Vicente Fox se habían gastado (a abril de 2003) 3 mil 500 millones de pesos, gasto que pudo haberse evitado si se hubiera seguido la recomendación de utilizar software libre. Reveló, además, que el gobierno optó por utilizar los productos de Microsoft a cambio de una donación de 40 millones en capacitación, lo cual da un resultado negativo de 3 mil 460 millones de pesos.

Por su parte, Antulio Sánchez, autor de textos como Territorios virtuales y La era de los afectos en internet, comenta: “En el caso concreto de los dos programas que el gobierno ha lanzado como eje fundamental de su política de modernización en el campo informático (e-México y Enciclomedia), se ha entregado prácticamente todo a Windows. Para e-México se donaron varios de los equipos digitales y se donan con un sencillo y claro fin: que las generaciones futuras se habitúen al uso de Windows, para que cuando ya sean consumidores adquieran esos productos y tengan asegurado su mercado, es una inversión a largo plazo. Lo mismo sucede con Enciclomedia, se ha donado software y adicionalmente se tiene como uno de los apoyos básicos el uso del Encarta -con un claro fin estratégico mercadotécnico que establece Bill Gates- pero también, en este caso, el gobierno podría haberse ahorrado muchísimo dinero”.

“Seguramente hay asesores, pero están más vinculados a dichas empresas. Recordemos que tienen toda una estrategia de cabildeo para llegar y acercarse, están presentes en parlamentos, en las áreas donde se toman decisiones. Cuestión, por ejemplo, que no se puede llevar a cabo en los países desarrollados, porque ahí no se permiten las donaciones; eso es competencia desleal y automáticamente pueden ser sancionados. Por eso no pueden aplicar esos mismos criterios que en los países en vías de desarrollo. Si se acepta todo eso, es ahí donde ellos pueden diseñar toda una estrategia para ubicar a sus productos, por ejemplo en Brasil, donde quisieron hacer lo mismo pero los brasileños no lo aceptaron”.

Al referirse a las presiones ejercidas por las empresas hacia los gobiernos, nos refiere: “Existe la idea de acabar con todo lo que es gratuito y que prácticamente no está certificado. En Europa acaba de ser rechazada la propuesta de adoptar (de manera obligatoria) las patentes en software. La idea que está detrás de esto, que impulsan y cabildean las empresas de software y también las de hardware, es que el software gratuito es malo. ¿Cuál es el objetivo de esto? La idea es que para que el usuario use un software tiene que estar patentado, entonces quien use un software no patentado incurre en un delito y puede ser sancionado y todo aquel que crea un software lo tiene que patentar. Lo que se trata es de acabar este movimiento, para que así sólo las grandes empresas sean las únicas que fabriquen el software”.

Advierte, que detrás de este tipo de iniciativas también está la industria discográfica y la del cine, porque con una ley así se podría negar la patente a programas de intercambio de música, por ejemplo, y desaparecerían los sitios como Napster.

Antulio Sánchez opina que, desde el punto de vista cognitivo: “Con el software de patente se es rehén de una plataforma especifica. Sabemos que, por lo menos, en el 90 por ciento de las computadoras de escritorio está presente el sistema operativo de Windows. Entonces, prácticamente es seguir reproduciendo no sólo un modelo de programación y un modelo de negocios que prácticamente sólo beneficia a una empresa, sino también un modelo cultural. En la programación están plasmadas muchas cosas que van más allá, están las maneras de entender y de concebir como se desarrollan ciertas operaciones. Hay muchas maneras de efectuar operaciones y, dependiendo de las culturas, se pueden llegar a desarrollar esquemas de programación muy diferentes para hacer más fáciles las soluciones de los procesos”.

Antulio Sánchez y Antonio Ramírez Fernández coinciden, por separado, que si el gobierno federal y las universidades públicas impulsaran el desarrollo del software libre se podrían generar más fuentes de trabajo, pues una parte de lo que se gasta en licencias serviría para contratar especialistas. De igual forma, las características de esta plataforma permitirían a México generar profesionistas competitivos en la programación, rubro donde podríamos destacar a nivel mundial, pues no requiere de la infraestructura de la electrónica, por ejemplo.

Lo cierto es que hoy tenemos un monopolio que controla una herramienta indispensable y hay quienes nos ofrecen una alternativa a nuestro alcance, gobiernos como los de Alemania, Noruega y Brasil han adoptado la plataforma Linux, nosotros ¿por qué no?

Fuente: memoria.com