Mi convicción es muy de adentro: proviene de mis raíces más profundas, que han encontrado esta buena tierra donde alimentarse y dar alguno que otro fruto.
No vengo de la informática, ni de la política. No me convencen las promesas ultramundanas de algunas pseudoreligiones, ni las promesas ultrajusticieras intramundanas de los políticos de turno. Siempre busqué - y sigo encontrando - una verdad a la que pueda adherir con todo mi ser, y practicar y comprobar día a día. Y sobre todo, una verdad que sirva también a mis hermanos con quienes habitamos este planeta. Traducible a toda lengua y hasta dialecto individual, con la única condición de estar en la búsqueda ascendente.
Y vagando en esta búsqueda y encuentro, hete aquí que me topé con la idea, la peculiar militancia, la comunidad del Software Libre. Y ahí me enamoré, me flechó la idea tan simple y rotunda, tan sin vueltas, clara y fuerte, apta como palanca para mover un mundo y proyectarlo casi sin que se dé cuenta a la próxima vuelta de la espiral evolutiva.
No voy a detallar las cuatro libertades básicas, ni el seguro candado del sistema para que lo que nació libremente compartible se mantenga así, y no sea utilizado por la maquinaria que lo convierte todo en negocio y apropiación indebida. No es que tenga nada en contra de los negocios, sean bienvenidos, y cuanto más cooperativos y prósperos mejor, pero "todo en su medida y armoniosamente" como decía alguno por ahí en nuestra historia. El "negocio" debería dejar margen al "ocio" que abre lugar a la creación de un nuevo mundo, donde las reglas del juego cooperen para el nacimiento de un nuevo ser humano, para quien el "otro" no sea ya un peligro acechando sino un hermano con quien compartir en justicia lo logrado.
Los detalles técnicos los conocen muchos mejor que yo, por eso sólo quería compartir la esencia de mi sentir, también descubrirme a mí misma por qué me engancha tanto algo que pareciera tan ajeno a las líneas de acción en que me he movido hasta ahora. Y lo que voy descubriendo es que la idea y el movimiento del SL son para mí como la figura del Quijote y Sancho Panza juntos, despertando a los soñadores a la buena lucha de la acción. Acción de libertad y paz, acción de claridad, de amistad y hasta de hermandad entre los hombres y las mujeres.....bueno, junto a Don Qujote y Sancho Panza no puede faltar la Dulcinea. Los tres en cada uno, como metáfora del ideal y su sana locura creadora.
Y por ahora, hasta aquí llegué. Como verán, estoy en los "meros comienzos" como diría algún mexicano.
Saludos y gracias por su tiempo
Diana
