Hemos escuchado hablar demasiado del voto electrónico.
Soy partidario de ir - avanzar - hacia mecanismos de democracia directa.
La democracia representativa, la delegación de poder, en los “representantes”, puede funcionar más o menos bien en pequeños países, comunidades, etc. pero en la actualidad los gobiernos (instituciones, políticos, etc) a los únicos que representan son a intereses corporativos y no al pueblo que dicen representar.
Que hasta el día de ayer, no hubo un sistema mejor, es posible (no lo sé realmente), pero hoy existen alternativas que nos permitan dirigirnos a sistemas mucho más directos de ejercicio de poder por parte del ciudadano.
Por supuesto, en cuestiones operativas, la división funcional y del poder necesario (delegación) para ejecutar ciertas acciones es buena, el tema es que ciertos temas relativos al “bien común” no puedan ser decididos a puertas cerradas por un puñado de delincuentes, ups!, digo políticos.
La realidad - una gran parte - es que los representantes se “cagan” (disculpen la expresión) en los representados. Es bastante más sencillo, comprar a un puñado de representantes que convencer con argumentos y hechos a los representados.
Pero volviendo al tema:
¿Es el voto electrónico la solución, o por lo menos un facilitador que nos permitiría avanzar a un sistema de democracia más directa?
Dos consideraciones antes de avanzar:
El voto electrónico (en la forma que se lo implemente) no deja de ser un instrumento tecnológico (herramienta). Y como herramienta, su uso puede ser bueno… o malo.
Si limitamos el uso del voto electrónico al momento de elegir representantes, seguimos con lo mismo. Quizás un poco de mayor transparencia, sobre todo en el caso de los partidos chicos (me estoy refiriendo en este caso en particular a la situación de Argentina, donde los partidos con poco “aparato” se ven perjudicados con el sistema actual).
La verdadera novedad y ventaja de utilizar esta herramienta, es la posibilidad de avanzar realmente a mecanismos del ejercicio de poder más directo. Podemos empezar a pensar, que las decisiones de gran impacto, sean consultadas directamente a cada ciudadano.
Hasta ahora, prácticamente no era posible reunir a todo el pueblo para consultarlo (salvo en ocasiones especiales como las de votar a los representantes o algún referendum en particular). Digo hasta ahora, porque la tecnología hoy permitiría (siempre y cuando cumpla con algunas condiciones), la posibilidad cierta de que el ciudadano (y no alguien que se dice representarlo) exprese cabalmente su opinión, y en forma más frecuente.
Pero como toda herramienta, la misma debe garantizar ciertos grados de seguridad y confiabilidad.
La posibilidad de fraude electrónico es real (recordar las elecciones de Bush -hijo- en Estados Unidos), y es por esto que los intentos apresurados de implementar urnas electrónicas por parte de “nuestros queridos candidatos”, hay que analizarla con lupa, más bien con microscopio.
* La primer condición, necesaria, pero no suficiente, en caso de los sistemas utilizados y las urnas electrónicas es que: hardware, firmware y software sean libres. El software libre y las especificaciones hw abiertas y libres, constituyen piezas fundamentales en el ejercicio del derecho de voto, pues es el único que puede dar garantías al ciudadano de que se respetan plenamente sus derechos… y que puede garantizar los criterios de libertad, seguridad, y confiabilidad. (el acceso al código fuente de los programas utilizados, tanto en los clientes como en los servidores, y las especificaciones hw abiertas, que permitirían por un lado contar con proveedores libres del hw, y por otro lado el control del firmware del mismo, garantizando de esta forma la detección de posibles fallos, intencionados o no.
* El costo de romper un sistema de este tipo tiene que ser muy alto.
* Mecanismos que permitan la autenticación del votante (es quien dice ser)
* La impresión de un comprobante físico que permita un recuento manual de los votos, si hubiere algún problema.
